CUANDO NUESTRO ASPECTO FÍSICO SE CONVIERTE EN UNA OBSESIÓN

 

Buenas a todos/as hoy me gustaría hablaros sobre un tema que aunque no sea muy demandado en nuestras consultas de psicología y psiquiatría por motivos de normalización, nosotros “los profesionales de salud mental” nos damos cuentas que cada día más del 70 % de la población viven para un cuerpo diez y un belleza permanente.

 CUÁNDO LA PREOCUPACIÓN POR EL ASPECTO SE VUELVE UNA OBSESIÓN

Al MIRARNOS al espejo, la mayoría vemos cosas que nos gustaría mejorar (que bajo mi punto de vista profesional es algo dentro de la normalidad, ya que como humanos y nos gusta estar lo mejor posible), así pues, por ello, nos arreglamos la ropa, nos retocamos el peinado o utilizamos algún cosmético, y entonces reanudamos nuestras actividades diarias. El deseo de presentar un buen aspecto es algo normal y adecuado; no obstante, en el caso de algunas personas, el afán de lograrlo llega a extremos, dando lugar a una enfermedad que se conoce como trastorno dismórfico corporal, o TDC.

Según el manual DSM-V lo define: “Preocupación por padecer algún defecto en el aspecto físico que causa malestar significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del sujeto”. Puesto que se suele imaginar el supuesto defecto o exagerar alguna imperfección mínima, la percepción que el paciente tiene de sí mismo se denomina también fealdad imaginaria, o como los llamamos los psicólogos clínicos con formación cognitivo-conductual “DISTORCIONES MENTALE”.

Según algunos estudios científicos del profesor J. Kevin Thompson, de la Universidad de South Florida (EE.UU.), afirma que el TDC no es muy frecuente, pues “puede que afecte a entre el 1 y el 2% de la población general y a entre el 10 y el 15% de los pacientes psiquiátricos externos”. Sin embargo, añade: “Algunos investigadores creen que el número de casos está aumentando, en parte debido a la mejora en los métodos de diagnóstico y detección del problema, y en parte a la obsesión cada vez mayor de la sociedad por la imagen”. Aunque puede producirse a cualquier edad, el trastorno por lo general comienza en la adolescencia. En la edad adulta parece afectar a hombres y mujeres por igual, en marcado contraste con los trastornos alimentarios, que son mucho más comunes entre la población femenina.

La preocupación obsesiva por la apariencia, típica de las personas que padecen TDC, suelen llevarlas a mirarse compulsivamentes al espejo, hacer deporte compulsivamentes, restricción de algunos alimentos necesarios para nuestra supervivencia y en algunos casos, al aislamiento social. Lo que es peor aún, “el malestar y la discapacidad asociada a este trastorno puede ocasionar reiteradas hospitalizaciones y abocar a una conducta suicida” (esta última parte no está demostrada a un 100% ya que para que suceda lo dicho habría que indagar bien en las historias de los pacientes con TDC para descartar depresiones, ansiedade etc…). No es de extrañar que algunos de estos pacientes recurran a la cirugía estética, por lo que la labor del psicólogo clínico en este punto es muy importante ya que deben valorar a los pacientes y descartar posibles psicopatologías antes de una intervención quirúrjica tan arriesgada.

La doctora Katharine Phillips, que ha escrito un libro sobre este trastorno, hace el siguiente comentario: “Por lo general desaconsejo que la gente se opere. La cirugía es irreversible, y, de todas formas, la mayoría de los que padecen TDC piensan que no les ha servido de nada”.

¿A QUÉ EDAD SUELE DARSE ESTAS OBSESIONES?

Alguna que otra vez, el TDC se presenta a muy temprana edad. Pero debemos tener en cuenta que la parte social y los medios de comunicación hacen que cada vez lo padezcan personas con edades muy tempranas; leyendo una publicación de George Street Journal comentaba sobre el caso de un niño de seis años “que creía tener los dientes amarillos y mucha barriga, y estaba descontento con su pelo. Nadie más percibía tales ‘defectos’. Cada mañana pasaba una hora peinándose, y si no lograba un resultado ‘perfecto’, volvía a mojarse la cabeza y repetir el proceso, por lo que a menudo llegaba tarde a la escuela”.

CONSEJOS PARA QUE TU FÍSICO NO DOMINE TU MUNDO

 No dejes que la sociedad marque cómo debes ser: Sé que es difícil no compararse con los prototipos de los anuncios de perfumes, con las modelos o de las personas que van a gym donde tienen un cuerpo perfecto que cuando van a la playa parecen haber salido de las revistas; pero las revistas no son lo que parecen, ya que hay muchos retoques. Las revistas, periódicos y anuncios de televisión bombardean a la gente con imágenes del cuerpo ideal. La lógica de los anunciantes es simple: si presentan cierta imagen como el modelo a seguir, la gente se gastará en imitarlo el dinero que tanto le costó ganar. Si a esto se le añade un poco de presión de grupo, y algún que otro comentario irreflexivo por parte de familiares y amigos, no sorprende que haya personas que empiecen a tener una opinión distorsionada sobre su aspecto.

Cada uno es como es: Existe el concepto erróneo de que si una persona no es hermosa o elegante, los demás no se interesarán en ella, ¿quién dicta eso?. Pero la gente no suele escoger a sus amigos por el aspecto físico. Es cierto que este pudiera influir en un principio, pero los factores que de verdad consolidan una amistad son la personalidad, las normas morales y los valores. Un ejemplo que utilizo mucho en mis consultas es la comparación de que los seres humanos somos como los libros: cada uno de nosotros es como un libro, por atractiva que sea la portada, si el contenido es aburrido, el lector lo dejará enseguida. En cambio, si el libro es interesante, la gente lo seguirá leyendo sin preocuparse de la portada. Entonces, ¿por qué no centrarnos en nuestras cualidades personales?.

Debemos ser realistas: Nuestra imagen cambia a medida que envejecemos. Si la vida, la amistad y la felicidad dependieran de un aspecto juvenil, “a todos nos aguardaría un triste futuro”. Pero nuestra situación no tiene por qué ser esa. ¿En qué sentido?. Cada persona tiene un tipo de metabolismo por lo que no podemos ser iguales unos a otros, “qué triste y aburrida sería nuestras vidas si fuésemos iguales” ¿no?.

No existe la belleza duradera: Todos vamos cumpliendo años y alcanzado sueños que desde pequeños hemos querido cumplir, pero eso tiene un precio. Cuanto más mayores no hacemos más sueños conseguidos (gracias a nuestros sacrificios, trabajo, pérdidas de familiares queridos etc…) pero debemos disfrutar de cada etapa de nuestras vidas. Sé que envejecer no es agradable pero es algo inevitable por naturaleza, así pues ¿por qué luchar contra ella, cuándo sabemos que nos va a ganar?…

ENTONCES ¿CUADARSE PUEDE PROVOCARNOS UN PROBLEMA MENTAL?

¡OJO!, una cosa es cuidarse, comer sano, hacer deporte etc… y otra cosa es ser extremista. Los sanitarios aconsejamos que debemos cuidarnos dentro de los límtes:

Comer sano: todo tipo de comida pero en cantidad considerable.

Hacer deporte: tres veces por semana es lo recomendado por los médicos, pero no hacer deporte 7 veces a la semana y tomar medicamentos para adelgazar (esto puede producir patologías irreversibles a nuestro hígado u otros órganos).

Etc…

No obstante, ¿por qué no permitirnos caprichos con nuestros seres queridos de vez en cuando?; comer un pizza en compañía, unas risas, beber alcohol socialmente con control etc… es algo que agradeceremos y seremos más feliz.

Conclusión: la felicidad no se basa en tener un cuerpo delgado ni una gran belleza. La felicidad es tan subjetiva que podemos controlarla con tan sólo aceptarnos tal y como somos. “¡eso si!” debemos cuidarnos pero para que nuestro organismo tenga un equilibrio y prevenir futuras enfermedades como: la diabetes, obesidad, colesterol… pero si sabes controlar y moderar ¿dónde está el problema?.

“Cualquier duda, podéis comentar por aquí ya que con mucho gusto os responderé”.

 

Dr. Fco. Isaac Quirós Rojas, Colegiado AN-07376

psicologoquiros@gmail.com

Tlf: 856 217 551 / 618 161 219

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