TRATAMIENTO MÁS EFICAZ PARA LOS TRAUMAS

 

Buenas a todos/as, hoy me gustaría hablaros del tratamiento psicológico que aplico en mi consulta de los trastornos postraumáticos (traumas), en cual muchos/as de mis pacientes acuden a mi consulta con síntomas depresivos o ansiosos donde detrás de dichos síntomas esconden algunos traumas bloqueándoles en todos sus ámbitos.

¿QUÉ ES UN TRAUMA?

Siguiendo la línea de McCann y Pearlman (1990), se puede considerar que un evento es traumático desde un punto de vista psicológico si es una amenaza o ataque que:

  • Ocurre de pronto, inesperadamente o fuera de toda norma (esto incluye abusos continuados). 
  • Excede la capacidad que percibe el individuo para poder manejar la amenaza o el ataque. 
  • Perturba los marcos de referencia del individuo y otros esquemas básicos que le sirven para entender y manejarse en el mundo.

Para la OMS, en el CIE-10, el trauma ocurre cuando: La persona ha estado expuesta a un acontecimiento estresante o situación (tanto breve como prolongada) de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo.

CUÁNDO SE PRODUCEN LOS TRAUMAS

En la infancia, la supervivencia del niño/a depende de sus cuidadores. Cualquier conducta de abuso o de abandono lo puede vivir como una amenaza a su vida y, por tanto, afectarle traumáticamente.

El problema reside en que las conductas que se desarrollan en esas edades quedan automatizadas y se repiten en la edad adulta. Así, se ha visto que en todos nosotros las conductas de apego que se desarrollan en la relación con los cuidadores se repiten en las relaciones de pareja, junto con los efectos desfavorables del maltrato y abandono en la regulación emocional.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que uno de los traumas más frecuentes aparece como consecuencia de la violencia de género: abusos y violaciones, que se dan también en niñas/niños/as y en el ambiente familiar. Muchas veces el abuso pasa desapercibido a los adultos que le rodean y es difícil de detectar incluso en el curso de la terapia. 

Hay indicios que señalan que estos traumas son más dañinos que los que se dan en contextos de violencia física sin abuso sexual (Villavicencio y Montalvo, 2011).

PROCESOS PSICOLÓGICOS QUE UNA PERSONA DESENCADENA CUANDO HA SUFRIDO HECHOS TRAUMÁTICOS

Las clasificaciones de la enfermedad mental, como el DSM 5, son descripciones de conductas que aparecen asociadas a los trastornos; pero no dan una explicación de las causas ni de los procesos que subyacen en la aparición de estos problemas psicológicos. El trastorno por estrés postraumático es una excepción, ya que es el único trastorno de ansiedad al que se le reconoce un suceso o situación específicos que lo provocan. La causa es el hecho traumático y, cuando lleva a un trastorno psicológico, las consecuencias son las conductas que describe en los criterios diagnósticos.

Cada persona sometida a un ataque o amenaza traumáticos reacciona de manera diferente. Así, el 64% no desarrolla un trastorno psicológico considerado como tal. Entonces, ¿cuáles son las circunstancias que han de confluir para que aparezca un trastorno psicológico?: En niños/as sometidos a sucesos traumáticos, se han estudiado las características que pueden predecir quienes tienen mayor probabilidad de desarrollar un trastorno por estrés postraumático. Alisic, Jongmans, van Wesel, & Kleber, (2011) han encontrado que la existencia de problemas presentes en momento del hecho son los que mejor lo predicen. Entre ellos destacan la existencia previa de estrés postraumático de corta duración, la depresión, ansiedad, y que los padres tengan estrés postraumático.

Hay estudios (Bardeen, Tull, Stevens, & Gratz, 2015; Orsillo & Batten, 2005) que afirman que uno de los factores que tiene más peso en el desarrollo de un trastorno por estrés postraumático es la evitación experiencial, que se da cuando la persona tiende a eliminar por todos los medios el sufrimiento emocional, esforzándose en evitar recuerdos, sentimientos o pensamientos relacionados con el suceso y también cualquier situación o elemento que los pueda despertar. Son estas conductas de evitación las que generan la principal parte del sufrimiento.

POR QUÉ A VECES RECORDAMOS LOS SUCESOS EN LA ADULTEZ

Sabemos que los recuerdos de eventos pasados nos provocan reacciones emocionales muy similares a las que se provocaron en ese momento; por lo cual, si no se evitan esas reacciones y se sigue con la vida normal, su influencia en el bienestar de la persona acabará minimizándose. Sin embargo, cuando se trata de evitar a toda costa el sufrimiento emocional, se lucha contra los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones que recuerdan el hecho traumático. Entonces, el sufrimiento se perpetúa y crece, porque cuanto más queremos echar de nuestra cabeza un pensamiento, más presente está. De esta forma, aparecen efectos como los descritos en el criterio B del DSM 5: recuerdos recurrentes (flashbacks), pesadillas que provocan una gran activación fisiológica, que no mejora con el transcurso del tiempo.

La inutilidad de los esfuerzos que realiza el paciente para controlar el sufrimiento provoca sentimientos de depresión y valoraciones negativas de sí mismo, porque considera que algo no funciona en él porque no puede controlar el sufrimiento. El hecho de que el suceso traumático haya sido inesperado y súbito le lleva a temer que en cualquier momento y cualquier lugar pueda volver a ocurrir. Esto le genera una visión del mundo como un enemigo hostil que puede atacar en cualquier momento.

Querer evitar que un suceso inesperado aparezca o se vuelva a repetir obliga a la persona a colocarse en una posición vigilante, completamente alerta. Es un estado de alerta en el que la persona está fijándose, no en lo que ocurre a su alrededor, sino en la posible presencia de lo que quiere evitar que pase. Y esto ocurre, tanto si es objetivamente probable que suceda como si no. Este estado de alerta, fruto de la evitación experiencial, explica las características que se incluyen en el criterio E del DSM 5: hipervigilancia, sobresaltos, problemas de concentración, dificultades para dormir, reacciones ante los demás con un comportamiento irritable, imprudente o autodestructivo, consecuencia de su estado de permanente alerta.

También hay que considerar que un suceso traumático causa objetivamente un sufrimiento tremendo en sí mismo, independientemente de que luego se generen lo procesos de evitación que se han descritos. Quien lo ha sufrido está herido y necesita curar esas heridas. Es preciso pautar la exposición terapéutica simultáneamente con tareas que impliquen un autocuidado que atenúe sus heridas.

Si el suceso es continuado e inevitable, se puede dar un proceso de indefensión aprendida. Que es una forma de depresión en la que el paciente es incapaz de realizar ninguna acción, aunque no exista ningún peligro. Es necesario analizar el comportamiento en si del paciente para trabajar el estado de indefensión.

TRATAMIENTO MÁS EFICAZ PARA LOS TRAUMAS

Según los experimentos y la existencia de un número suficiente de ensayos clínicos bien controlados, que aportan pruebas inequívocas, nos dicen que la terapia de exposición es el tratamiento más eficaz para el trastorno por estrés postraumático.

Entre las terapias que emplean esta técnica destaca la terapia cognitivo conductual enfocada al trauma, es la que más estudios y mayor eficacia demostrada tiene (Echeburúa y Corral, 2007; Cohen, Deblinger y Mannarino, 2004). En esta terapia la exposición se combina con la reestructuración cognitiva, que pretende desmontar en el paciente la creencia irracional. Y basada en mi experiencia profesional, los avances son muy favorables.

¿Sabías qué?: Las conductas de evitación, generalmente, necesitan una gran activación para luchar o huir. Sin embargo, hay que tener en cuenta que también pueden ser de desactivaciónCuando se considera que el abuso o el daño es inevitable, pueden ser efectivas otro tipo de comportamientos que no lleven al enfrentamiento directo. Por ejemplo, las conductas de sumisión tratan de desactivar el ataque dando la razón al atacante o minimizando el daño que causaría un enfrentamiento con un enemigo mucho más potente. Quedarse quieto ante un peligro potencia la probabilidad de pasar desapercibido. Estas reacciones son más frecuentes en personas que en su infancia se han enfrentado a un abuso continuado por parte de un adulto del que les ha sido imposible escapar.  Asociados a esta reacción aparecen elementos disociativos, en los que la persona se disocia de sí mismo como si lo que está viviendo no lo sintiera en su propio cuerpo. (Ogden, Pain, y Minton, 2009). 

Dr. Fco. Isaac Quirós Rojas, Colegiado AN-07376

psicologoquiros@gmail.com

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